| Según la ONU, cada minuto seis mujeres son agredidas en Colombia. |
Hace ya una semana que Hernán Darío Gómez renunció a su puesto como director técnico de la selección colombiana de fútbol por haber agredido a una mujer en plena vía pública. Pero la polémica continúa.
Arturo Wallace
La Federación Colombiana de Fútbol aún no ha aceptado la renuncia del "Bolillo" y, según reportes de prensa, más bien planea confirmarlo en el cargo una vez que concluya el Mundial Sub 20, que se está disputando en tierras colombianas.
Para muchos, esta forma de actuar es emblemática de la forma en la que se maneja el fútbol colombiano.
Pero, sobre todo, es un reflejo del conjunto de actitudes que hacen que el problema de la violencia contra la mujer todavía sea un problema endémico en este país suramericano.
La víctima de la agresión, por ejemplo, no denunció al técnico colombiano ante las autoridades, como todavía sucede en la mayoría de los casos.
La Federación inicialmente calificó lo ocurrido como un problema privado y dijo que no tenía por qué influir en la continuidad de Gómez al frente del seleccionado.
Y la senadora conservadora Liliana Rendón llegó incluso a sugerir que la mujer agredida tenía una cuota de responsabilidad por el ataque.
"Nosotras para provocar estamos solas. Somos muy necias y, cuando decimos a fregar, no nos para nadie y provocamos reacciones como la desafortunada que tuvo 'el Bolillo'", dijo Rendón en una entrevista radial.
"Si mi marido me casca, sería porque yo me lo gané. Tendría que haberlo jodido mucho", justificó.
| Hernán "Bolillo" Gomez |
País dividido
No toda Colombia piensa como la senadora Rendón.
Pero para Amparo Sánchez, de la organización Casa de la Mujer, el caso es un ejemplo de cómo la sociedad colombiana tiende a polarizarse frente a situaciones ante las que debería haber mayor consenso.
Efectivamente, aunque los principales medios y creadores de opinión colombianos se han expresado en contra de la continuidad del Bolillo, a este tampoco le han faltado defensores.
Y una encuesta publicada la semana pasada por el diario El Tiempo encontró que el 54,6% de los colombianos decían haberlo perdonado (aunque para ese entonces sólo un 43% opinaba que debía permanecer en el cargo).
"Pero no basta con que el Bolillo pidiera perdón, porque el perdón no soluciona el problema de la justicia y la reparación", le dijo a BBC Mundo Sánchez.
Una justicia que, en opinión de la funcionaria de la Casa de la Mujer, también requiere de sanciones sociales y morales.
"Independientemente de que 'el Bolillo’ tenga una sanción jurídica, lo que es muy grave es que la Federación de Fútbol contribuya a seguir recreando y fortaleciendo un imaginario que a las mujeres se les puede golpear y que no pasa nada", dijo.
Seis agresiones por minuto
Y de golpearlas, vaya que las golpean a las mujeres colombianas. Sobre todo en su casa.
El año pasado, el Instituto de Medicina Legal registró 51.182 casos de mujeres víctimas de "violencia de pareja", lo que equivale a 140 casos al día, seis agresiones cada hora, o una cada 10 minutos.
Y eso es nada más la punta del iceberg, pues la cifra únicamente refleja los casos denunciados que requirieron de un peritaje.
Así, según un estudio del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer, UNIFEM, cada minuto son seis las mujeres agredidas en Colombia.
En la investigación, presentada a finales del año pasado, UNIFEM dijo además que en el país las agresiones contra las mujeres son vistas como algo normal y que la sociedad tiende a justificarlas.
Lo que tal vez explica por qué, según la agencia, nada más un 38% de las víctimas denuncia a sus agresores.
"Las mujeres no denuncia por muchas razones: por el miedo, por el chantaje, porque el sistema de justicia no funciona adecuadamente, porque quien es golpeada por alguien de su familia siente vergüenza de ir a denunciar", dijo Sánchez.
"Pero el hecho de que los casos no sean denunciados no merma la responsabilidad del agresor, en este caso 'el Bolillo' Gómez".
"Ni se puede decir que el problema subsiste porque las mujeres no denuncian", agregó.
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