sábado, 29 de enero de 2011

Crisis en Egipto.

La policía intenta reprimir las multitudinarias protestas en El Cairo
El presidente de Egipto, Hosni Mubarak, apareció este viernes ante las cámaras tras la peor semana que ha enfrentado su gobierno en casi 30 años.

Lo hizo en cadena de radio y televisión alrededor de la medianoche con los egipcios en las calles negándose a respetar el toque de queda impuesto por el gobierno tras la jornada más intensa de protestas que ya ha dejado 18 muertos en cuatro días.

"Como presidente y con el poder que me da la constitución les aseguro que estoy trabajando por la gente y dándoles libertad de expresión siempre que se respete la ley. Pero hay una línea fina entre la libertad y el caos", afirmó.



Pero ¿quién es este personaje que se ha convertido en una de las figuras más influyentes del mundo árabe?

Sobreviviente

Mubarak, de 82 años, es considerado un sobreviviente.

Pocos creyeron, en 1981, que el entonces vicepresidente y poco conocido Mubarak (quien llegó a la presidencia tras el asesinato del entonces líder Anwar Sadat) pudiera mantenerse en la presidencia. Mucho menos durante tres décadas.

Sadat fue asesinado por radicales islámicos en un desfile militar en El Cairo y Mubarak tuvo la suerte de escapar de los disparos mientras estaba sentado a su lado.

Desde entonces, ha sobrevivido por lo menos seis intentos de asesinato.

Pero además de su habilidad para esquivar balas, el ex comandante de la Fuerza Aérea también ha logrado mantener una posición de poder durante casi 30 años, posicionándose como un aliado de confianza para Occidente y luchando contra un poderoso movimiento de oposición dentro de sus fronteras.

Pero con los actuales disturbios en el país, su menguante influencia regional, su salud desquebrajándose y sin claridad en el asunto de su sucesión, muchos se preguntan cuánto tiempo será capaz Mubarak de seguir adelante.

Vida privada y estricta

Nacido en 1928 en una pequeña aldea en la provincia de Menofya cerca de El Cairo, Mubarak insiste en mantener su vida privada fuera del dominio público.

Tiene dos hijos, Gamal y Alaa con su esposa Suzanne Mubarak, mitad británica y graduada en la Universidad Americana de El Cairo.

El presidente egipcio es famoso por llevar una vida estricta, sin alcohol ni cigarrillo, con días marcados por horarios fijos que inician a las 6 de la mañana y una rutina saludable que le dan una reputación de hombre en forma.

En su juventud, algunos allegados se quejaban de la agenda del presidente que comenzaba con una sesión de ejercicio en el gimnasio o jugar al squash.

Muhammad Hosni Sayyid Mubarak fue juramentado el 14 de octubre de 1981, ocho días después del asesinato de Sadat.

A pesar de que en ese momento tenía poco atractivo popular o proyección internacional, el corpulento militar utilizó el asunto detrás del asesinato de Sadat -la paz con Israel- para construir su reputación como estadista internacional.

Estado de emergencia

Justo como su formación, Hosni Mubarak ha gobernado como un líder casi militar desde que asumió el poder.

Durante todo este tiempo, ha mantenido al país bajo la ley de emergencia, dando al Estado los poderes de arrestar o limitar las libertades fundamentales.

El gobierno argumenta que el régimen draconiano ha sido necesario para luchar contra el terrorismo islámico, que ha llegado en oleadas, a menudo teniendo como objetivo el lucrativo sector turístico de Egipto.

Mubarak ha presidido durante un período de estabilidad interna y desarrollo económico que significa que la mayoría de sus compatriotas han aceptado su monopolización del poder.

Sin embargo, en los últimos años Mubarak ha sentido por primera vez presión para fomentar las reformas políticas, tanto desde el interior de Egipto como de su aliado más poderoso, Estados Unidos.

El tipo de régimen, la duración de su gobierno, el notorio interés de Occidente (en particular de Estados Unidos) en mantener la estabilidad han llevado a algunos observadores a comparar el gobierno de Mubarak con los regímenes de facto latinoamericanos de los años ochenta.

A pesar de asegurar que está abierto a un proceso político, muchos partidarios de la reforma dudan de la sinceridad del veterano líder.

Mubarak ha ganado tres elecciones sin oposición desde 1981 y en 2005 cambió el sistema para permitir candidatos rivales.

Sin embargo, los críticos dicen que la elección estuvo caracterizada por la represión a movimientos emergentes, en especial la mayor fuerza política opositora: los Hermanos Musulmanes.

Edad y salud

El largo periodo en el que ha sido presidente, su edad y quién lo sucederá, son temas sensibles en Egipto.

Los cercanos a Mubarak dicen que su salud y vigor están por encima de su edad, a pesar de un par de recientes crisis de salud que reavivaron el tema de su próxima muerte.

Rumores que surgieron cuando viajó a Alemania en 2010 para una cirugía de la vesícula biliar o cada vez que desaparece de los medios por más tiempo de lo esperado.

El temor de la oposición
es que el hijo de Mubarak, Gamal,
 se prepare para una especie
 de herencia dinástica.
No es difícil entender por qué Mubarak no ha nombrado un vicepresidente. Por lo tanto, Egipto sigue sin un sucesor claro.

Pero el temor de la oposición es que su hijo Gamal Mubarak, ex banquero de 40 años, se está preparando para una especie de herencia dinástica disfrazada de transición democrática.

Gamal insiste en que no tiene ambiciones políticas, pero se ha estado acercando hasta las filas del PND convirtiéndose en el principal defensor de la reforma económica y política.

Hasta el último aliento

Los historiadores señalan que todos los presidentes desde la revolución de 1952 provienen de la milicia y las credenciales civiles de Gamal podrían dificultarle el apoyo de tan importante grupo.

Pero las decisiones deberán ser tomadas antes de las elecciones de fin de año.

En el pasado, Mubarak dijo que seguirá sirviendo a Egipto hasta su último aliento.

Sin embargo, muchos observadores se arriesgan a afirmar que los hechos de los últimos cuatro días están aumentando las probabilidades de que su muerte sea más bien política.

Fuerzas armadas y de seguridad de Egipto: el factor decisivo

En este momento, la suerte del presidente egipcio, Hosni Mubarak, del entero aparato del Estado y de la insurrección popular depende en gran medida de las acciones del ejército y de las fuerzas de seguridad de Egipto.

Sin embargo, ninguno de los dos se parecen.

En términos generales, los egipcios respetan a su ejército, que todavía es visto como un baluarte patriótico en contra de su vecino Israel, con quien fueron a la guerra en 1967 y 1973.

Pero las Fuerzas de Seguridad Central -la policía antidisturbios que va vestida de negro, conocida como Amn al-Markazi- pertenecen al Ministerio del Interior y son las que se han enfrentado en la mayoría de los casos a las manifestaciones populares.

Mal pagados y en su mayoría analfabetos, al combinarse con la Guardia Fronteriza, suman 330.000. Una vez se amotinaron por sus bajos salarios en los primeros años de gobierno del presidente Mubarak y tuvieron que ser controlados por el ejército.

El ejército tiene una fuerza similar (unos 340.000 efectivos) y está bajo el mando del general Mohamed Tantawi, quien tiene estrechos vínculos con EE.UU., y que por cierto, hace poco acaba de visitar el Pentágono.

Aplausos

Cuando Mubarak ordenó al ejército salir a las calles de El Cairo y otras ciudades a última hora del viernes, su objetivo era respaldar a la policía antidisturbios quienes habían sido superados en gran medida por los manifestantes.

Los manifestantes aplaudieron
 las filas de vehículos del ejército
 cuando cruzaron El Cairo este viernes.
Sin embargo, muchos de los que han estado en las protestas esperan que el ejército se ponga de su lado, o por lo menos, actúe como una fuerza de restricción de la policía que ha estado actuando con excesiva represión.

De ahí los aplausos que recibieron las filas de vehículos del ejército cuando cruzaron El Cairo el viernes por la noche.

Hasta ahora, el presidente Mubarak ha contado con el apoyo de las fuerzas armadas.

Él fue, después de todo, un oficial de carrera de la fuerza aérea cuando súbitamente fue catapultado a la presidencia de Egipto tras el asesinato del entonces presidente Anwar Sadat en 1981.

Pero si las protestas continúan y se intensifican, los mandos superiores de las fuerzas armadas podrían sentirse tentados a instarle a dimitir.

Por eso, este se considera el desafío popular más serio de sus 30 años de gobierno.

¿Y cuáles serían las consecuencias de la caída de Mubarak?



Después de todo, Egipto es el país más populoso en el mundo árabe, con una de las economías y ejércitos más grandes de la región.

Y aunque tal vez ya no ejerce la misma influencia en el Medio Oriente de décadas pasadas, su importancia no se discute.

Por eso, si Mubarak llegase a caer, las consecuencias serían considerables. Y se sentirían más allá de la región, llegando sin duda hasta Washington.

Si en realidad se va a dar el proverbial "efecto dominó", Egipto será la pieza clave que desencadenaría la caída de las otras fichas, opinan los analistas.

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