Está amaneciendo en la ciudad de Gainsville y la zona industrial se llena de taxis coloridos.
No es exactamente Manhattan en hora punta sino las carreteras de una pequeña localidad de Georgia (Estados Unidos) que tiene aproximadamente 33.000 habitantes.
El pujante negocio de los taxis es una consecuencia indirecta de la dura ley de inmigración que se implementó recientemente en Gainsville que autoriza a la policía a preguntar a un conductor por su estatus migratorio aunque se les pare por una infracción menor.
Así que muchos trabajadores indocumentados, ante el temor de que una simple multa por exceso de velocidad se pueda convertir en deportación, optan ahora por ir sólo en taxi: desde para ir al trabajo hasta para hacer la compra.
Los partidarios de la legislación dicen que los inmigrantes que tienen su situación regularizada no tienen nada que temer y defienden que la ley está haciendo que muchos trabajadores sin papeles opten por irse voluntariamente.
Pero, para los detractores es una cuestión de derechos civiles y temen que se cree un clima de miedo y división.
Paradójicamente, las ocho compañías de taxis de Gainsville son administradas por hispanos.
Un equipo de la BBC pasó un día con dos taxistas para conocer la situación.
Veálo en este video de BBC Mundo.
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