El gobierno de Noruega permitió por primera vez que la prensa recorriera el edificio de Oslo donde, el 22 de julio , una bomba cobró la vida de ocho personas y destruyó parcialmente la sede donde funcionaba la oficina del primer ministro.
La pérdida de vidas humanas y los daños materiales que remecieron a la habitualmente tranquila capital noruega tuvieron su origen en el atentado perpetrado por Anders Behring Breivik.
Breivik confesó haber estacionado frente al edificio un vehículo alquilado que contenía la bomba. El artefacto estalló a media tarde.
Aparte de los muertos de Oslo y de las 69 personas que Breivik ultimó posteriormente en la isla de Utoeya, al noroeste de la capital noruega, el ataque dejó decenas de heridos.
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