El presidente de Siria, Bashar al Asad, desafió el llamado europeo y estadounidense para que abandone el poder, tachándolo de "sin sentido" y asegurando que su país podrá soportar las sanciones internacionales.
La presión internacional para que al Asad renuncie se está intensificando; desde Estados Unidos hasta Europa, pero también de sus vecinos, incluyendo Turquía, así como otros países árabes como Arabia Saudita.
El presidente de EE.UU., Barack Obama, y los líderes europeos han sido criticados por tardar tanto en pedir al presidente sirio que deje el poder.
Lo que argumentan en su defensa es que no es moral dar apoyo a manifestantes de ningún país cuando enfrentan la muerte a manos del régimen, a no ser que se pretenda prestar un apoyo de forma decisiva.
Esta observación se basa en el profundo sentimiento de culpabilidad sobre el papel de Occidente en incitar a los kurdos del norte de Irak en 1990 y 1991 a sublevarse contra Saddam Hussein después de su invasión a Kuwait.
Esto se debe a que no pudieron proteger a los kurdos cuando Hussein ordenó atacar el Kurdistán iraquí con armas químicas.
| La ONU pidió que el caso sirio se envíe a la Corte Criminal Internacional. |
Pocos aliados
Estados Unidos y sus aliados todavía descartan una intervención militar en Siria, incluso para proteger a los civiles. Sin embargo, Washington y Europa consideran ahora que Asad debe abandonar el poder.
La directora del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Navi Pillay, dijo que el gobierno sirio podría ser culpable de crímenes contra la humanidad.
En un reporte, se planteó la posibilidad de enviar el caso a la Corte Penal Internacional.
A pesar de la creciente presión, no hay signos de que el presidente Asad esté preparado para renunciar.
Le quedan pocos aliados y es difícil que su proximidad con Irán pueda salvarle.
Esto no quiere decir que no trate de mantenerse apoyándose en el uso de la fuerza.
Le funcionó a su padre antes que a él, pero la diferencia es que ahora pocos países consideran que la estabilidad regional esté en riesgo si la familia Asad pierde el poder.
De hecho, muchos observadores argumentan que los gobiernos ahora creen lo contrario, que es la familia Asad la que supone un peligro.
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