Después del genocidio de 1994, en el que cerca de 800.000 integrantes de la etnia tutsi fueron masacrados por hutus radicales, el país busca dejar atrás su pasado violento y cambiar su imagen.
El fútbol ha sido el deporte que les ha permitido dar el primer paso en ese sentido.
Todos los jugadores del equipo nacional, que por primera vez logró clasificar para una copa mundial, nacieron en el año del genocidio. Para los ruandeses, ellos son un símbolo de reconciliación nacional.
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