viernes, 4 de marzo de 2011

Cuba enjuicia a contratista de Estados Unidos

Alan Gross
El ciudadano estadounidense Alan Gross enfrenta el riesgo de ser condenado a una prolongada pena de prisión por los tribunales de Cuba, acusado de realizar acciones que lesionan la independencia y la integridad territorial de la isla.
Fernando Ravsberg
La Habana

Comienza el juicio contra Gross, 15 meses después de haber sido detenido en el aeropuerto de La Habana. La fiscalía pide 20 años de cárcel por presuntos delitos contra el Estado cubano.

Las versiones de Cuba y Estados Unidos coinciden en que el contratista trabajaba para el gobierno de Washington y que su tarea consistía en entrar y distribuir clandestinamente en la isla equipos satelitales de comunicación.

Ésa es la única coincidencia. Para la administración de Barack Obama se trata de una actividad completamente legal y hasta humanitaria, por lo que exige que no se lo trate como a un espía y sea devuelto inmediatamente a su país.

Sin embargo, la Seguridad del Estado cubana lo describe como "punta de lanza" de una nueva estrategia de la Casa Blanca dirigida a crear una plataforma de comunicaciones que esté fuera del control del gobierno cubano para actividades opositoras.

Los contratistas de Washington

Alan Gross es un contratista, es decir, una persona que trabaja en una empresa contratada por el gobierno de Estados Unidos con el fin de actuar en otros países. En Afganistán, por ejemplo, hay decenas de miles en tareas civiles, de seguridad, militares y de inteligencia.

El uso de estos trabajadores en Cuba se inició en el gobierno de George W. Bush y al parecer fue la respuesta a las denuncias contra los grupos anticastristas de Miami, por la malversación de parte de los U$S20 millones enviados cada año a la oposición cubana.

Cuba es el único país del hemisferio
 que no mantiene  relaciones con EE.UU.


En sus viajes a la isla, Gross se dedicaba a entrar equipos de comunicación satelital sobre los que La Habana no tiene control. Supuestamente, el fin último era entregarlos a la pequeña comunidad judía para que ésta pudiera acceder a internet.

Líderes de este grupo en la isla niegan tal versión. Confirmaron a la prensa extranjera que conocían a Gross, pero aseguraron que nunca recibieron los aparatos y que tampoco los necesitan porque tienen computadoras propias y conexión a la red.

20 años de prisión

Las autoridades cubanas han sido muy escuetas en sus informes sobre el caso. Se limitaron a anunciar la fecha del juicio y que la fiscalía solicita 20 años de prisión por actos "contra la independencia o la integridad territorial".

Sin embargo, en un video de la Seguridad del Estado de Cuba filtrado en internet se afirma que el objetivo de Gross era "crear una plataforma tecnológica fuera del control de las autoridades cubanas" para "articular una red virtual de mercenarios".

Los informes secretos de los diplomáticos estadounidenses, revelados por WikiLeaks, afirman que hay que apostar por los blogueros en lugar de seguir apoyando a la vieja disidencia, que -según su análisis- está "desconectada" de la realidad.

De ser cierto, los esfuerzos de la Casa Blanca estarían apuntando a la web, un área en la cual el gobierno cubano está "en pañales", con decenas de miles de cuentas clandestinas fuera de control del Estado y una influencia social cada vez mayor.

¿Es posible un canje?

Las autoridades estadounidenses aducen que Alan Gross es el principal obstáculo para mejorar las relaciones bilaterales. Sin embargo, no ofrecen ningún cambio en concreto, por lo que analistas cubanos lo toman como una simple "zanahoria".
Cuba ha tratado reiteradamente
de canjear a tres presos políticos
por los cinco agentes detenidos
en EE.UU. y seguramente aceptaría
entregar a Gross a cambio de
alguno de ellos.

Durante los últimos meses, Washington realizó tímidos cambios en su política hacia Cuba, al flexibilizar un poco los viajes y los envíos de remesas. Estas medidas fueron atacadas por el anticastrismo de Miami y calificadas de insuficientes por el gobierno cubano.

La vía más rápida para obtener la liberación de Gross sería canjearlo por los cinco agentes presos en Estados Unidos, tal y como se hizo recientemente con los espías rusos. Sin embargo, fue descartada por Jonathan Farrar, el jefe diplomático estadounidense en La Habana.

De todas formas, los rumores son tantos que un grupo de congresistas cubano-americanos escribieron una carta a la secretaria de Estado Hillary Clinton, exigiendo que no se "libere a un espía convicto" a cambio "de un ciudadano estadounidense detenido erróneamente".

La posibilidad de un canje no debe descartarse, sobre todo cuando el propio Gross eligió para dirigir su defensa a la abogada Nuris Piñero, letrada que representa a las familias de los cinco agentes cubanos, una coincidencia que -según los observadores- no parece casual.


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