| No se arrepiente de nada. |
El ex secretario de Defensa de Estados Unidos bajo el gobierno de George W. Bush, Donald Rumsfeld, presentó su libro de memorias.
Carlos Chirinos
BBC Mundo, Washington
Rumsfeld defiende la decisión de invadir Irak y achaca las cosas que "posiblemente" hayan salido mal a la incapacidad de varios de sus colegas del gabinete.
El libro se llama "Conocido y desconocido", una aparente referencia al galimatías que usó para responder en una rueda de prensa en febrero de 2002 sobre los vínculos entre el gobierno de Irak, entonces encabezado por Saddam Hussein, y grupos terroristas.
Rumsfeld hace un recorrido desde sus tiempos al servicio de los presidentes republicanos Richard Nixon y Gerald Ford, con quien fue por primera vez jefe del Pentágono, hasta su participación en la creación de la estrategia en Afganistán e Irak, bajo el mando de Bush.
Además, defiende la decisión de embarcarse en esas guerras y manifiesta no estar de acuerdo con la opinión de su ex jefe, quien ha dicho que el haber empezado a retirar tropas poco después de la invasión es "la falla más importante en la ejecución de la guerra" en Irak.
Irak no fue un error
Quien espere de Rumsfeld una reflexión anti-belicista del tipo Robert McNamara - secretario de defensa bajo cuyo liderazgo EE.UU. se involucró en la guerra en Vietnam y quien años despúes aseguró que había sido un "terrible error" – se verá frustrado.
"Ese no es el caso con Irak", dijo Rumsfeld cuando le presentó la comparación la periodista Diane Sawyer de la cadena ABC, este martes en la primera entrevista que ofrece tras dejar el cargo en 2006.
En cuanto a la opinión del ex presidente Bush al reconocer que los problemas en Irak empezaron por un retiro temprano de las tropas, Rumsfeld dijo no tener "la confianza suficiente para decir que eso es correcto. Creo que es posible (…) Es difícil de saber. Tu sabes, el camino que no tomaste siempre es el más cómodo".
De lo que si parece estar seguro es que el manejo de la guerra se complicó porque había "muchas manos en el volante" y, sobre todo, porque algunas de esas manos no habrían tenido la capacidad de liderazgo que exigía el momento.
Por ejemplo, Rumsfeld cuestiona al entonces Secretario de Estado, Colin Powell, quien "según mi punto de vista no hizo un buen trabajo gerenciado a su gente" y asegura que el ex general nunca habría expresado reservas con el plan de derrocar a Saddam Hussein.
"Hay muchas cosas en la prensa diciendo que Colin Powell estaba en contra. Pero nunca vi la menor indicación de eso" afirma Rumsfeld, quien al contrario, asegura que Powell nunca presentó objeciones durante reuniones de gabinete y creía, como el resto del gobierno, que Saddam Hussein tenía un arsenal de armas de destrucción masiva.
¿Y las armas?
En cuanto a la supuesta existencia de ese arsenal, el argumento presentada por la Casa Blanca para justificar la invasión, pero que nunca fue encontrado, Rumsfeld parece insistir en una confluencia de buena fe y mala inteligencia.
"Dios mío, la inteligencia ciertamente estuvo equivocada", exclamó Rumsfeld, aunque dijo no lamentar la decisión porque "el mundo es un lugar mejor sin Saddam Hussein,...y con Al Qaeda fuera de Afganistán".
En su libro, el ex secretario de Defensa explica cómo EE.UU. estuvo a punto de lanzar un ataque contra instalaciones iraquíes en las que sospechaban que se fabricaban armas, justo el día que Powell presentaba ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Nueva York, las "evidencias" del "engaño" iraquí.
"Lo que sabes hoy puede ayudarte en cosas que piensas sobre mañana, no te puede ayudar con cosas que estabas pensando en ese entonces, Y en ese entonces, había una confianza razonable que él (Saddam) tenía esas armas", asegura.
Aportes históricos
"Sin duda que los fieles de Rumsfeld aplaudiran el libro por su férrea defensa de la guerra en Irak y sus críticos retratos de Colin Powell, Condoleezza Rice y (el primer administrador estadounidense en Irak) Paul Brenner", afirma Bradley Graham, autor de "Por sus propias reglas. La ambición, éxitos y las fallas de Donald Rumsfeld".
Los detractores en cambio se sentirán enardecidos por el hecho de que Rumsfeld no asuma responsabilidad en los maltratos y torturas a prisioneros en cárceles de Irak y en Guantánamo, ni en las peleas internas del gobierno de Bush.
"Había preguntas sobre si Rumsfeld usaría sus memorias para disculparse por lo que salió mal en Irak (…) pero tras cuatro años de reflexión, Rumsfeld sigue despachando a aquellos menos brillantes que él, es decir, casi todo el mundo", escribe el articulista Dana Millbank de The Washington Post.
Pese al tono de pase de factura que algunos perciben en el libro de Rumsfeld, otros consideran que hay datos valiosos que servirán para el análisis del polémico período histórico iniciado tras las atentados del 11 de septiembre de 2001.
"En el corazón del libro de Rumsfeld hay una importante crítica al gobierno de Bush que ha estado faltando en el debate sobre Irak", afirma Kimberley Strassel, articulista del The Wall Street Journal.
"El relato dominante hasta ahora ha sido el que el presidente-vaquero y su grupo de neoconservadores fueron a una guerra sin la preparación adecuada e hicieron caso omiso de las dudas de mentes burocráticas y estretégicas más sobrias", afirma Strassel.
El juicio de Bush
En ese sentido algunos aseguran que lo más destacado de las memorias de Rumsfeld sería el dibujo de la complicada relación que mantuvo con George Bush desde 2000 hasta 2006.
Aunque el ex jefe del Pentágono escribe sobre quien fuera su jefe con respeto y trata de contrarrestar la caricaturizada impresión popular que presenta a Bush como un líder débil, reconoce que tenía pocas cosas en común con la "agenda liberadora" de esparcir la democracia, que era el centro de la diplomacia estadounidense por aquellos años.
Sin embargo, en sus críticas a sus ex compañeros de gabinete parece ir un cuestionamiento implícito al buen juicio del presidente, quien es al fin y al cabo el que selecciona a sus colaboradores.
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