viernes, 23 de marzo de 2012

Por qué no cae Bashar al Asad en Siria


La sublevación en contra del gobierno de Bashar al Asad se hace sentir en la capital, Damasco, donde se reportan choques entre hombres armados y las tropas leales al mandatario.

Y a un año de las protestas, la cifra de muertos -alrededor de 8.000 según la ONU- sigue creciendo, las criticas y la presión arrecian, pero Bashar al Asad se mantiene en el poder. ¿Por qué?

Por una combinación de complejidades internas y de factores externos

BBC Mundo le detalla cuáles son.

El ejército sirio vs una oposición desarmada

Para algunos analistas la clave de la caída del régimen sirio está en su propio ejército. "Mientras el núcleo oficial -de mayoría alauí, como el presidente- siga apoyando al régimen la rebelión tiene pocas probabilidades de triunfar. Y tal como se están desarrollando los hechos, con ataques permanentes del ejército, no parece que lo vayan a hacer", detalla a BBC Mundo el periodista Miguel Ángel Bastenier, experto en Medio Oriente.

Siria, además, cuenta con una de las fuerzas armadas más numerosas, mejor equipadas y entrenadas de la región. No era el caso de los militares libios, a quienes Gadafi mantenía fragmentados y no muy bien equipados.

A ello hay que sumarle la división de la oposición y el escaso armamento con que cuenta. El llamado Ejército Libre Sirio, formado en parte por desertores del ejército, cuenta con 15.000 hombres según sus propios voceros. No obstante, analistas calculan que son unos 7.000.

El respaldo de Rusia y China

A Rusia y Siria les une vieja amistad que se remonta a los tiempos de la Unión Soviética. De hecho, los rusos mantienen una base naval en Tartus, en la costa siria.

Además, hay fuertes intereses económicos de por medio. Según el Centro para el Análisis de Estrategias y Tecnologías ruso, los contratos vigentes para la venta de armas y equipo militar de Rusia a Siria superan los US$2.500 millones.

Rusia también se muestra reacia a que el Consejo de Seguridad de la ONU se involucre en asuntos internos de otros países, una posición que es compartida por China.

Para ambos países la intervención en Libia, después de una resolución del Consejo de Seguridad promovida por la Liga Árabe, es un precedente peligroso.

Tanto Rusia como China vetaron hace unas semanas el borrador de resolución contra el régimen de al Asad que instaba al mandatario a dejar el poder para facilitar una transición política.

"China, en cualquier caso, se ha mostrado menos convencida de que haya que defender a Bashar al Asad. El gobierno ha señalado que su posición es neutral en el conflicto interno. Rusia, en cambio, teme perder un pie de influencia en Medio Oriente, casi el único que le queda", detalla Bastenier.

Su posición estratégica, entre Israel e Irán

La rivalidad de Siria con Israel ha definido en gran medida su papel en la región. Después de las derrotas sirias a manos del ejército israelí, los gobiernos de Hafez al Asad y de su hijo Bashar, de orientación laica y nacionalista, no han dudado en apoyar y albergar a grupos palestinos de inspiración religiosa como Hamas y Hezbolá.

"Israel ha tolerado a los Asad para evitar líos en la región. Siria ha sido el país más laico de la zona y uno de los más liberales del mundo con respecto a la convivencia de religiones. La percepción es que desde Damasco no se ha azuzado a Hamas y Hezbolá a cometer atentados terroristas, a pesar de que les han protegido. Además se sabía que Hezbolá dependía de Irán, aunque la ayuda pasaba por Siria", explica el experto en la región.

A pesar de ello, para los analistas quien más debe temer la caída de al Asad es Israel. La posibilidad de un gobierno religioso extremista complicaría la tensa rivalidad con Siria.

El viceprimer ministro de Israel, Dan Meridor, lo describe en una frase: "Siria es un enemigo que mantiene tranquila la frontera".

Ignacio Álvarez, profesor de estudios árabes e islmáicos de la Universidad de Alicante, también detalla a la BBC que Irán, aliado tradicional de Siria, consideraría una intervención occidental casi como un ataque a su propio territorio.

La división de la oposición

Siria es un histórico crisol de religiones y colectivos. En un país de 21 millones de habitantes, con una mayoría sunita (74%), dos grandes minorías alauita y cristiana (ambas un 10% de la población) y otras comunidades aún más pequeñas como la kurda, la unidad nacional nunca ha sido un objetivo sencillo y más aún en el caso de la oposición contra Bashar al Asad.

La oposición política siria está conformada por líderes exiliados, grupos clandestinos en el interior del país, izquierdistas, secularistas, islamistas y nacionalistas.

Y aunque el Consejo Nacional Sirio, el principal grupo opositor, anunció la creación de una oficina en el extranjero para unificar a los grupos opositores y canalizar la posible ayuda militar, las divisiones continúan

En la reciente conferencia de Túnez, a la que fueron convocados los grupos opositores, no asistió el Comité de Coordinación por el Cambio Nacional y Democrático en parte por el apoyo de las potencias occidentales al Comité Nacional Sirio, "como representante creíble del pueblo sirio”, en palabras de la secretaría de Estado de EE.UU., Hilarry Clinton.

A las divisiones hay que sumarle la debilidad militar de los opositores frente al armamento pesado de Bashar al Asad.

El apoyo al régimen

A pesar de la creciente polarización en Siria, al Asad sigue gozando del respaldo de importantes sectores del mosaico social que conforma el país.

"En general, la minoría alauita a la que pertenece, sigue con él pues teme las consecuencias de un posible cambio", señala el corresponsal de la BBC en Beirut, Jim Muir.

Lo mismo, detalla Muir, se puede decir de otras minorías, especialmente de los cristianos.

"A ellos hay que sumarle círculos sunitas de clase media y mentalidad secular, sobre todo en las principales ciudades, que no han mostrado mucho entusiasmo por los grupos de oposición. Muchos temen que su ascenso al poder podría poner en primer plano a extremistas islámicos", comenta el corresponsal.


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